ESTUDIO Y TRABAJO EN GRUPO

El término “trabajo en grupo” es frecuentemente invocado para describir técnicas o metodologías de enseñanza-aprendizaje que, en realidad, pueden tener pocas cosas en común.

Es bastante equívoco ya que, por un lado, es muy general y, por otro, pone el énfasis en lo puramente instrumental [la existencia de un grupo que trabaja] mientras obvia el elemento fundamental que hace relevante o dota de valor añadido a esta estrategia: qué hacen y cómo trabajan los elementos del grupo.

El éxito de cada alumno en este método depende de que el conjunto de sus compañeros alcancen las metas fijadas. Los incentivos no son individuales sino grupales y la consecución de las metas del grupo requieren el desarrollo y despliegue de competencias relacionales que son clave en el desempeño profesional.

Si pretendemos que dentro del grupo todos sus alumnos interactúen entre sí, aporten y participen, es necesario limitar el número de componentes. También es necesario que el número de alumnos sea suficiente para garantizar un mínimo de diversidad y riqueza de las interacciones. De esta manera, en cuanto al tamaño, el “grupo pequeño” podría tener entre 3 y 8 alumnos aunque el número ideal oscilaría entre 4 y 6 alumnos.

Organización y Desarrollo del Estudio y Trabajo en Grupo.

Johnson, Johnson y Holubec formularon hace tiempo los componentes más característicos e importantes que definen o distinguen el aprendizaje cooperativo efectivo:
  • Interdependencia positiva: cada miembro percibe con claridad el vínculo con los compañeros de tal manera que uno no puede tener éxito si todos los demás no lo tienen.

Algunas de las estrategias para alcanzar este objetivo pueden ser:
·         Incentivos conjuntos [cada miembro del grupo obtendría puntos extra si todos los compañeros alcanzan un alto nivel de logro].
·   Distribución a cada miembro del grupo de distintos elementos [recursos, información,...] que sólo son realmente útiles compartiéndolos.
·    Asignar roles complementarios [secretario, moderador, animador,...] a los distintos miembros del grupo.

  • Responsabilidad individual: cada alumno no sólo responde de su propio aprendizaje sino también del de sus compañeros.
  • Interacción cara a cara: la dinámica de la tarea implica interacciones continuas y directas entre los miembros.
  • Habilidades inherentes a pequeños grupos: el alumno debe adquirir, desarrollar y emplear habilidades básicas de trabajo en grupo.
  • Evaluación de los resultados y del proceso: el grupo debe desarrollar actividades de reflexión y evaluación del trabajo en grupo.

En cuanto a los recursos, esta modalidad organizativa plantea algunos desafíos a la estructura tradicional de nuestras aulas y centros. Por un lado, el aula debe estar organizada de manera que se facilite el trabajo simultáneo de pequeños grupos. Por otro lado, la duración de cada sesión debe ser amplia para permitir el desarrollo completo de la técnica   -de dos o tres horas-.

Utilidad del Estudio y Trabajo en Grupo: Ventajas e Inconvenientes.

Ventajas:
  • Su énfasis en la interacción social, en la unión de los componentes del grupo en torno a metas comunes es un factor muy motivador del aprendizaje.
  • Es eficaz para lograr el dominio de competencias sociales como son las de comunicación, relación entre iguales, afrontamiento de la diferencia, etc.
  • El papel activo y responsable del alumno hacia la tarea, implica una mayor y mejor comprensión del objetivo de la tarea y de los procesos implicados en su consecución. Esta corresponsabilidad implica también un mejor rendimiento individual y grupal tanto en términos cualitativos como cuantitativos.

Inconvenientes:
  • Es necesario el entrenamiento previo de los estudiantes en las destrezas básicas para la interacción y trabajo cooperativo.
  • El profesor deberá dedicar tiempo y esfuerzo a crear esas condiciones mínimas de partida y deberá tener en cuenta también que las primeras fases del trabajo en grupo –la creación de la identidad y los códigos del grupo- serán lentas y requerirán una supervisión atenta.
  • Precisa por parte del profesorado una confianza real y trasmisible en que los alumnos son capaces de aprender autónomamente, responsablemente. Esta confianza pertenece al ámbito actitudinal y a lo más profundo de la personalidad del profesor, de ahí la dificultad de conseguir un cambio significativo en este aspecto.

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